Evangelio del 30 de septiembre de 2026
Memoria de San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia
Lucas 9, 57-62
Primera Lectura
Lectura Job 9, 1-12. 14-16

Job tomó la palabra y les dijo a sus amigos:
“Sé muy bien que el hombre
no puede hacer triunfar su causa contra Dios.
Si el hombre pretendiera entablar pleito con él,
de mil cargos que Dios le hiciera, no podría rechazar ninguno.
El corazón de Dios es sabio y su fuerza es inmensa.
¿Quién se le ha enfrentado y ha salido triunfante?
En un instante descuaja las montañas
y sacude los montes con su cólera;
él hace retemblar toda la tierra
y la estremece desde sus cimientos.
Basta con que dé una orden y el sol se apaga;
esconde cuando quiere a las estrellas;
él solo desplegó los cielos
y camina sobre la superficie del mar.
El creó todas las constelaciones del cielo:
la Osa, Orión, las Cabrillas y las que se ven en el sur;
él hace prodigios incomprensibles, maravillas sin número.
Cuando pasa junto a mí, no lo veo;
cuando se aleja de mí, no lo siento.
Si se apodera de algo, ¿quién se lo impedirá?
¿Quién podrá decirle: ‘Qué estás haciendo?‘
Si Dios me llama a juicio,
¿cómo podría yo rebatir sus acciones?
Aunque yo tuviera razón, no me quedaría otro remedio
que implorar su misericordia.
Si yo lo citara a juicio y él compareciera,
no creo que atendiera a mis razones”.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo responsorial — Salmo 87, 10bc-11. 12-13. 14-15
R. (3a) Señor, que llegue hasta ti mi súplica.
Todo el día te invoco, Señor, y tiendo mis manos hacia ti. ¿Harás tú maravillas por los muertos? ¿Se levantarán las sombras para darte gracias?
R. Señor, que llegue hasta ti mi súplica.
¿Se anuncia en el sepulcro tu lealtad? ¿O tu fidelidad en el reino de la muerte? ¿Se conocen tus maravillas en las tinieblas? ¿O tu justicia en el país del olvido?
R. Señor, que llegue hasta ti mi súplica.
Pero yo te pido ayuda, Señor, por la mañana irá a tu encuentro mi súplica. ¿Por qué, Señor, me rechazas, y apartas de mí tu rostro?
R. Señor, que llegue hasta ti mi súplica.
Aclamación antes del Evangelio
Cfr Filipenses 3, 8-9
R. Aleluya, aleluya.
Todo lo considero una pérdida y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y vivir unido a él.
R. Aleluya.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según Lucas 9, 57-62
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo: “Te seguiré a donde quiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.
A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”.
Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexión del Padre Jose Miguel
Hoy, al celebrar la memoria de San Jerónimo, nos encontramos ante lecturas que nos invitan a profundizar en nuestra relación con Dios y en el seguimiento de Cristo. La reflexión sobre el libro de Job nos muestra el profundo reconocimiento de su impotencia ante la grandeza de Dios. Job, en medio de su sufrimiento y desasosiego, se da cuenta de que el hombre no puede contender con Dios; su sabiduría es insondable y su fuerza, inmensa. ¿Cuántas veces, en nuestra vida cotidiana, nos encontramos en situaciones donde sentimos que no hay respuesta, que no hay solución? Job nos enseña que, aunque la vida pueda ser dura y a veces parezca que Dios se aleja, la verdadera postura para con Él es reconocer nuestra limitación y, en un acto de humildad, buscar su misericordia. Esta es una invitación a abrir nuestros corazones y dejar que su amor nos envuelva, aunque no comprendamos el por qué de nuestra angustia.
En el Evangelio de Lucas, encontramos una continuación de este diálogo entre la impotencia humana y el llamado divino. Jesús está en camino, y alguien decide seguirlo. Sin embargo, el Maestro lo confronta con una dura realidad: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”. Aquí Jesús nos invita a examinar nuestras prioridades. ¿Qué significa seguirlo? ¿Estamos dispuestos a dejar atrás nuestras comodidades y pertenencias? A veces, seguimos a Jesús con la idea de que nuestra vida será más fácil, pero la verdad es que el seguimiento puede significar dejar atrás lo que conocemos y aceptar lo desconocido.
La respuesta de Jesús a otro de sus seguidores, que quería enterrar a su padre antes de embarcarse en su misión, también es reveladora. “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”. Este pasaje puede resultar duro e incluso chocante, pero en él se esconde una verdad profunda sobre la urgencia de nuestro compromiso con el Reino. Las preocupaciones terrenales, aunque legítimas, no pueden entorpecer el llamado que hemos recibido. En nuestra vida cotidiana, muchas veces permitimos que nuestras responsabilidades y compromisos nos alejen de lo esencial: la búsqueda de Dios y el anuncio de su Reino. Jesús nos llama a dejar atrás lo que nos ata a una vida pasiva y a dar pasos audaces en nuestra vida espiritual.
Estas lecturas nos revelan una profunda enseñanza: el seguimiento de Cristo requiere decisión, valentía y un desprendimiento que a menudo resulta doloroso. ¿Quién de nosotros no ha sentido al final de una jornada el peso de lo no resuelto, de las deudas emocionales que nos atan? Dios, como nos muestra Job, está por encima de nuestras quejas y sufrimientos. Él nos ama y busca transformar nuestro dolor en esperanza y nuestro lamento en alabanza. Pero para recibir esta gracia, es necesario dar un paso hacia adelante, y eso implica aceptar que, a veces, debemos dejar cosas atrás.
San Jerónimo, cuyo legado celebra hoy la Iglesia, también nos enseña sobre la importancia de la Palabra de Dios. Su dedicación a las Escrituras nos recuerda que, así como Job dirigió su mirada hacia Dios en medio de su sufrimiento, nosotros también debemos buscar en la Palabra la luz que ilumina nuestra vida. El estudio y meditación de la Escritura nos ayudan a comprender mejor el sentido del sufrimiento y la belleza del seguimiento. La Palabra actúa en nosotros y nos transforma, nos lleva a abandonar lo que nos ataca para abrazar la vida nueva que Cristo nos ofrece.
Este Día de San Jerónimo también nos llama a preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a dejar los caminos familiares por la aventura de una vida en Cristo? El Reino de Dios se acerca, pero para ser parte de esta realidad, debemos tener la certeza de que nuestro camino no siempre será fácil. En la vida de fe, el sufrimiento no es un obstáculo, sino un camino hacia una mayor intimidad con Dios. Si Job, a pesar de estar rodeado de desdicha, clama por Dios, nosotros, en medio de nuestras angustias cotidianas, también debemos clamar.
Hoy se nos invita a entrar en este diálogo sincero con Dios, a reconocer nuestras debilidades y a permitir que su amor nos atraviese. La oración es el espacio donde plegaria y disposición se encuentran. Es el lugar donde podemos decir a Dios, como Job, “imploro tu misericordia”. Es en la oración donde el impacto de la llamada de Jesús se manifiesta y nos impulsa a actuar. Es un llamado a ser valientes, a despegar nuestros ojos del pasado y mirar hacia el futuro que Cristo nos ofrece.
Por eso, al concluir nuestra reflexión, invitemos a Dios a que nos otorgue la claridad para abrazar un seguimiento auténtico, despojándonos de lo que nos impide ser sus discípulos. Oremos fervorosamente, pidiendo que, así como nuestro hermano San Jerónimo dedicó su vida a la Palabra y a la verdad, nosotros también nos comprometamos a vivir en la verdad, buscando siempre el encuentro con nuestro Señor.
Señor, ven a nuestra ayuda. Queremos seguirte sin mirar atrás. Ayúdanos a despojarnos de lo que nos aleja de ti y a abrir nuestros corazones a tu misericordia. Amén.
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