Evangelio del 29 de septiembre de 2026
Fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael
Juan 1, 47-51
Primera Lectura
Lectura Daniel 7, 9-10. 13-14

Yo, Daniel, tuve una visión nocturna:
Vi que colocaban unos tronos
y un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como la nieve,
y sus cabellos, blancos como lana.
Su trono, llamas de fuego,
con ruedas encendidas.
Un río de fuego brotaba delante de él.
Miles y miles lo servían,
millones y millones estaban a sus órdenes.
Comenzó el juicio y se abrieron los libros.
Yo seguí contemplando en mi visión nocturna
y vi a alguien semejante a un hijo de hombre,
que venía entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano de muchos siglos
y fue introducido a su presencia.
Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino.
Y todos los pueblos y naciones
de todas las lenguas lo servían.
Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno,
y su reino jamás será destruido.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo responsorial — Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5
R. (1c) Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles.
De todo corazón te damos gracias, Señor, porque escuchaste nuestros ruegos. Te cantaremos delante de tus ángeles, te adoraremos en tu templo.
R. Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles.
Señor, te damos gracias por tu lealtad y por tu amor: Siempre que te invocamos nos oíste y nos llenaste de valor.
R. Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles.
Que todos los reyes de la tierra te reconozcan, al escuchar tus prodigios. Que alaben tus caminos, porque tu gloria es inmensa.
R. Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles.
Aclamación antes del Evangelio
Salmo 102, 21
R. Aleluya, aleluya.
Que bendigan al Señor todos sus ejércitos, servidores fieles que cumplen su voluntad.
R. Aleluya.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según Juan 1, 47-51
En aquel tiempo, cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexión del Padre Jose Miguel
El día de hoy, celebramos con alegría la fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, quienes son los mensajeros y guardianes del plan divino. En este contexto, las lecturas nos ofrecen una rica profundidad espiritual, presentando ejemplos de cómo la presencia y acción de Dios se manifiestan a través de sus ángeles y de su Hijo, Jesús, que se convierte en el puente entre lo celestial y lo terrenal.
En la primera lectura, el profeta Daniel nos ofrece una visión impresionante. Nos habla de un anciano, que representa la majestad y la eternidad de Dios, rodeado de un río de fuego y acompañado de miles de seres que le sirven y adoran. Esta imagen de un juicio inminente nos recuerda que, a pesar de la aparente desorden en el mundo, hay una soberanía divina que sostiene todo lo que existe. La figura del “hijo de hombre” que se presenta ante el anciano se convierte en el centro de esta visión, ya que representa a Cristo, quien es rey eterno y cuyo reino no tendrá fin. Este pasaje no solo es la promesa de gloria futura, sino también un recordatorio de que Dios tiene el control y que su justicia prevalecerá.
En el Evangelio de Juan, encontramos una conexión íntima y personal entre Jesús y Natanael. De manera reveladora, Jesús conoce a Natanael antes de que lo llame. Al decirle que lo vio bajo la higuera, Jesús le ofrece no solo su aceptación, sino también una mirada profunda que trasciende el tiempo y el espacio. Este encuentro íntimo revela una verdad esencial: Dios está presente en nuestras vidas, en los momentos más cotidianos y sencillos, y nos invita a reconocer esa presencia. Más allá de las palabras, Natanael reacciona con una afirmación de fe, reconociendo que Jesús es el Hijo de Dios y el rey de Israel. A medida que Jesús le responde, le promete que verá cosas mayores, que su fe lo llevará a experimentar lo divino de manera más profunda.
Ambas lecturas nos ofrecen una invitación a contemplar la realidad de Dios en nuestras vidas. Así como el anciano que se presenta en la visión de Daniel es aquel que sienta las bases del juicio justo, también en nuestro día a día estamos llamados a reconocer que nuestra vida está ante los ojos de Dios. En un mundo donde a menudo sentimos que no hay justicia, recordamos que hay un juicio que trasciende el nuestro y que su soberanía es perfecta. Esto nos invita a vivir de manera íntegra, our orgullo y nos invita a buscar la verdad en nuestras relaciones y acciones.
Además, el encuentro entre Jesús y Natanael invita a cada uno de nosotros a buscar esa relación personal con el Señor. Así como Natanael experimentó un cambio radical en su entendimiento del Maestro a partir de un momento tan simple, nosotros también estamos llamados a dejar que nuestros encuentros con Jesús transformen nuestras vidas. Jesús no sólo nos ve, sino que nos invita a ser parte activa de su misión en el mundo. La promesa de ver cosas mayores también se extiende a nosotros hoy: en cada acto de amor, en cada decisión de justicia y en cada paso de fe que tomamos, somos testigos de la obra del Reino de Dios que se manifiesta aquí y ahora.
Reflexionando sobre estos pasajes, podemos preguntarnos: ¿Dónde estoy buscando la presencia de Dios en mi vida? ¿Acaso en los momentos más ocultos y privados, en los lugares donde todo parece insignificante? Dios se manifiesta en medio de nuestra cotidianidad y nos ofrece a sus ángeles, como Miguel, Gabriel y Rafael, para acompañarnos y guiarnos en las decisiones que tomamos. El arcángel Miguel, el defensores del pueblo de Dios; Gabriel, el mensajero que lleva buenas nuevas; y Rafael, el que cuida y sana, son recordatorios de que estamos rodeados de la protección y la guía celestial en nuestro camino diario.
Esta fiesta de los Arcángeles también nos invita a la conversión. Muchos de nosotros vivimos atrapados en preocupaciones, quizás incluso en el desánimo, por las circunstancias que nos rodean. Pero Dios a través de su Palabra nos ofrece un refugio. Nos exhorta a confiar en su soberanía y a abrir nuestros corazones a su gracia. Al igual que Natanael, se nos pide que respondamos a la invitación de Jesús. Así, el encuentro con el Señor puede revolucionar cada aspecto de nuestra existencia.
Por lo tanto, en este día, invitemos a la oración. Pidamos a Dios que nos abra los ojos y corazones para que podamos descubrir su presencia en nuestras vidas. Que los ángeles nos acompañen y fortalezcan nuestra fe, para que podamos ser verdaderos mensajeros de su amor, justicia y paz en el mundo. Recemos para que, guiados por la luz de Cristo, vivamos en una constante búsqueda de su gloria y que, al igual que Natanael, podamos crecer en nuestra relación con Él y experimentar las maravillas que seremos capaces de ver.
Señor, gracias por enviarnos a tus ángeles, por tu amor y tu lealtad. Haz de nosotros instrumentos de tu paz y reveladores de tu Reino. Amén.
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