Evangelio del 26 de septiembre de 2026
Sábado de la XXV semana del Tiempo ordinario
Lucas 9, 43-45
Primera Lectura
Lectura Eclesiastés (Cohélet) 11, 9–12, 8

Alégrate, joven, durante tu juventud,
disfruta de corazón tus años jóvenes.
Sigue el camino que te indique el corazón
y lo que deleita a tus ojos.
Pero no olvides que de todo ello Dios te pedirá cuentas.
Aleja de tu corazón la tristeza
y de tu cuerpo el sufrimiento;
pero recuerda que los placeres de la juventud
son cosas que se acaban.
Acuérdate de tu Creador en tus años jóvenes,
antes de que vengan los días amargos
y se te echen encima los años en que dirás:
“No hallo gusto en nada”.
Antes de que se nuble la luz del sol,
la luna y las estrellas,
y retornen las nubes tras la lluvia.
Cuando tiemblen los guardias de la casa
y se dobleguen los valientes.
Cuando las que muelen sean pocas y dejen de trabajar
y las que miran por las ventanas se queden ciegas.
Cuando las puertas de la calle se cierren
y se apague el ruido del molino.
Cuando enmudezca el canto de las aves
y cesen todas las canciones.
Cuando den miedo las alturas
y los peligros del camino.
Cuando florezca el almendro
y se arrastre la langosta
y no dé gusto la alcaparra,
porque el hombre se va a su eterna morada
y circulan por la calle los dolientes.
Antes de que se rompa el cordón de plata,
antes de que se quiebre la lámpara de oro,
antes de que se haga añicos el cántaro junto a la fuente,
antes de que se caiga la polea dentro del pozo,
antes de que el polvo vuelva a la tierra, a lo que era,
y el espíritu vuelva a Dios, que es quien lo ha dado.
Todas las cosas, absolutamente todas,
dice Cohélet, son vana ilusión.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo responsorial — Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17
R. (1) Tu eres, Señor, nuestro refugio.
Tú, Señor, haces volver al polvo a los humanos, diciendo a los mortales que retornen. Mil años son para ti como un dia que ya pasó; como una breve noche
R. Tu eres, Señor, nuestro refugio.
Nuestra vida es tan breve como un sueño; semejante a la hierba. que despunta y florece en la mañana y por la tarde se marchita y se seca.
R. Tu eres, Señor, nuestro refugio.
Enséñanos a ver lo que es la vida y seremos sensatos. ¿Hasta cuándo, Señor, vas a tener compasión de tus siervos? ¿Hasta cuándo?
R. Tu eres, Señor, nuestro refugio.
Llénanos de tu amor por la mañana y júbilo será la vida toda. Que el Señor bondadoso nos ayude y dé prosperidad a nuestras obras.
R. Tu eres, Señor, nuestro refugio.
Aclamación antes del Evangelio
Cfr 2 Timoteo 1, 10
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según Lucas 9, 43-45
En aquel tiempo, como todos comentaban, admirados, los prodigios que Jesús hacía, éste dijo a sus discípulos: “Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.
Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Reflexión del Padre Jose Miguel
Hoy somos invitados a reflexionar sobre la fugacidad de la vida y la esperanza que encontramos en la relación con nuestro Creador. La primera lectura del Eclesiastés nos recuerda la alegría de la juventud, pero también nos advierte sobre la realidad inevitable de la vejez y la muerte. El autor nos anima a disfrutar de nuestros años jóvenes, a seguir las inclinaciones de nuestro corazón, pero con una clara advertencia: no debemos olvidar que de todo lo que hacemos, Dios nos pedirá cuentas. Este es un recordatorio profundo de nuestra responsabilidad ante el don de la vida, un don que no es eterno y que, por lo tanto, debe ser vivido con sentido y propósito.
El salmo nos ofrece también una perspectiva sobre la brevedad de nuestra existencia. La vida se nos presenta como un sueño efímero, una hierba que florece por la mañana y se marchita al atardecer. La repetición de ese deseo de ser enseñados a entender la vida y a ser sensatos es un eco de nuestra propia necesidad de sabiduría, la sabiduría que nos enseñe a vivir cada día como un regalo y a no dar nada por sentado. En un mundo que valorariza lo efímero, la invitación es a encontrar en cada instante un propósito que trascienda lo superficial.
Luego, el Evangelio de Lucas nos presenta un pasaje en el que Jesús, rodeado de admiración por los milagros que realiza, nos habla de su inminente entrega a la muerte. Es un momento significativo en el que, a pesar de que la multitud está cautivada por lo grandioso y espectacular de sus acciones, Jesús invita a sus discípulos a contemplar un misterio más profundo: su sacrificio. Sin embargo, los discípulos no logran entenderlo, y un velo les oculta el sentido de sus palabras. Esto resuena con la experiencia humana de no querer ver la realidad del sufrimiento y de la muerte, ya que es una verdad que provoca miedo y negación. En su insistencia, Jesús nos recuerda que la fe no se trata solo de maravillas, sino de entrar en la profundidad de la vida, donde se encuentra la verdad, la redención y la esperanza.
La conexión entre el mensaje del Eclesiastés y lo que Jesús comparte con sus discípulos es clara. Ambos textos nos confrontan con la realidad de nuestra existencia y nos invitan a una relación más profunda con nuestro Creador. La alegría de la juventud y los prodigios de Dios no deben llevarnos a la complacencia, sino a una reflexión seria sobre lo que significa vivir cada día con propósito y sentido. Mientras disfrutamos de los regalos de la vida, debemos recordar que somos responsables por cada elección que hacemos. Nos invita a no vivir en la superficialidad, sino a buscar lo que realmente importa, aquello que perdura más allá de lo efímero.
Este mensaje se traduce en la vida cotidiana de muchas maneras. En nuestras decisiones diarias, ya sea en el trabajo, en nuestras relaciones personales, o en nuestra vida espiritual, nos desafía a preguntar: ¿Estoy viviendo de manera que en el futuro pueda dar testimonio de mis acciones ante Dios? ¿Estoy teniendo en cuenta la brevedad de mi vida y, al mismo tiempo, la profundidad de mi relación con el Creador? La mayoría de las veces, el ritmo de la vida nos lleva a actuar sin pensar. Muchas veces, nos distraemos con el ruido, y ese mismo ruido puede ser un velo que impida que sintamos la voz de Dios llamándonos a una vida auténtica y significativa.
La invitación que surge de estas lecturas no es otra que la invitación a la conversión. La conversión no se trata solo de un cambio de comportamiento, sino de un cambio de corazón, de perspectiva. Es un llamado a mirar dentro de nosotros mismos y cuestionar nuestras motivaciones, a despojarnos de las distracciones que nos alejan de lo importante. Así como el Eclesiastés nos anima a recordar al Creador en nuestra juventud, somos llamados a mantener esa relación viva, a vivir en la expectativa de su amor y su gracia, que no solo nos sana, sino que nos dirige hacia lo que importa.
Hoy, más que nunca, el mundo necesita este tipo de testigos, aquellos que en medio del desasosiego y la incertidumbre, eligen vivir con alegría y propósito. En un mundo donde el afán por la juventud y el placer se vive con mucha intensidad, como católicos, estamos llamados a ser luz y sal. Podemos encontrar a Jesús en el sufrimiento, en el sacrificio, y también en la alegría y la esperanza. Esta conexión es fundamental para comprender la plenitud de la vida cristiana: sí, hay sufrimiento, hay sacrificio, pero hay resurrección, hay vida, hay amor eterno.
Al reflexionar sobre el sacrificio de Jesús, se nos anima a acudir a la oración, a la intimidad con Dios, para que nos guíe en nuestras decisiones, y para que su luz disipe los velos de ignorancia que nos impiden comprender su mensaje. Al final de nuestra vida, desearíamos mirar hacia atrás y ver una vida vivida con amor, con responsabilidad, haciendo frontera entre lo efímero y lo eterno.
Fundamentalmente, al recordar que somos polvo y que al polvo regresaremos, permitamos que eso nos impulse a vivir con plenitud en cada instante, a fortalecer nuestras relaciones con los demás y con Dios. Permítete ser guiado por el amor de Jesús, que te llama a vivir en la verdad y en la libertad.
Te invito a un momento de oración: Señor, te damos gracias por el don de la vida, por cada instante que nos concedes. Ayúdanos a vivir con la conciencia de que nuestros días son un regalo. Fortalece nuestra fe y nuestros corazones para que cada elección que hagamos esté alineada con tu voluntad. Que nunca olvidemos la importancia de vivir en tu presencia, recordando que todo lo que hacemos tiene un sentido más allá de este mundo. Amén.
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