Evangelio para Hoy

Evangelio del 10 de septiembre de 2026

Jueves de la XXIII semana del Tiempo ordinario

Evangelio del 10 septiembre 2026 — Lucas 6, 27-38 (ilustración)

Lucas 6, 27-38

Primera Lectura

Lectura 1 Corintios 8, 1-13

Primera lectura de hoy 10 septiembre 2026 — 1 Corintios 8, 1-13 (ilustración)

Queridos hermanos: Ya sé que todos ustedes conocen lo que está permitido con respecto a la carne inmolada a los ídolos. Pero, ¡cuidado!, porque el puro hecho de conocer, llena de soberbia; el amor, en cambio, hace el bien. Y si alguno piensa que ese conocimiento le basta, no tiene idea de lo que es el verdadero conocimiento. Pero aquel que ama a Dios, es verdaderamente conocido por Dios.
Ahora bien, con respecto a comer la carne ofrecida a los ídolos, sabemos que un ídolo no representa nada real y que no hay más que un solo Dios. Pues, aun cuando se hable de dioses del cielo y de la tierra, como si hubiera muchos dioses y muchos señores, sin embargo, para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y es nuestro destino, y un solo Señor Jesucristo, por quien existen todas las cosas y por el cual también nosotros existimos.
Mas no todos saben esto. Pues algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, siguen comiendo la carne como si estuviera consagrada a los ídolos, y puesto que su conciencia está poco formada, pecan. No es, ciertamente, la comida lo que nos hará agradables a Dios, ni vamos a ser mejores o peores por comer o no comer. Pero tengan cuidado de que esa libertad de ustedes no sea ocasión de pecado para los que tienen la conciencia poco formada. Porque si a ti, que sabes estas cosas, te ve alguien sentado a la mesa en un templo de los ídolos, ¿no se creerá autorizado por su conciencia, que está poco formada, a comer de lo sacrificado a los ídolos?
Entonces, por culpa de tu conocimiento haces que se pierda el hermano que tiene la conciencia poco formada, por quien murió Cristo. De esta manera, al pecar ustedes contra sus hermanos, haciendo daño a su conciencia poco formada, pecan contra Cristo. Por lo tanto, si un alimento le es ocasión de pecado a mi hermano, nunca comeré carne para no darle ocasión de pecado.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Salmo responsorial — Salmo 138, 1b-3. 13-14ab. 23-24

R. (24b) Señor, no dejes que me pierda.

Tú me conoces, Señor, profundamente: tú conoces cuándo me siento y me levanto, desde lejos sabes mis pensamientos, tú observas mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.

R. Señor, no dejes que me pierda.

Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el seno materno. Te doy gracias por tan grandes maravillas; soy un prodigio y tus obras son prodigiosas.

R. Señor, no dejes que me pierda.

Examíname, Dios mío, para conocer mi corazón, ponme a prueba para conocer mis sentimientos, y si mi camino se desvía, no dejes que me pierda.

R. Señor, no dejes que me pierda.

Aclamación antes del Evangelio

1 Juan 4, 12

R. Aleluya, aleluya.

Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

R. Aleluya.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.
Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos’’.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Padre Jose Miguel

Hoy nos encontramos en la reflexión de la Palabra de Dios que nos ofrece, en la primera lectura, la epístola de San Pablo a los Corintios, y en el Evangelio, las enseñanzas de Jesús según Lucas. Ambas lecturas nos invitan a profundizar en el amor y la responsabilidad que tenemos hacia los demás, especialmente en un mundo que a menudo se ve marcado por la división y el juicio. San Pablo aborda la cuestión de la carne inmolada a ídolos y nos recuerda que, aunque el conocimiento es valioso, el amor es lo que verdaderamente nos define como cristianos. A menudo nos encontramos con la tentación de basar nuestra identidad en lo que sabemos, en nuestra comprensión de la doctrina, pero, el apóstol nos advierte que el conocimiento sin amor puede llevarnos a la soberbia y al juicio. Si nuestro conocimiento nos aleja de nuestros hermanos, no está cumpliendo su propósito divino.

Al poner el conocimiento en el centro, corremos el riesgo de olvidarnos de lo más importante: que somos llamados a amar y construir comunidad. Esto resuena profundamente en nuestras vidas cotidianas. Cuántas veces el temor a que otros no comprendan nuestras convicciones nos lleva a ser insensibles, a poner nuestras creencias por encima de la dignidad y la compasión hacia el otro. San Pablo nos empuja a ver más allá de nuestra propia libertad: “tengan cuidado de que esa libertad no sea ocasión de pecado para los que tienen la conciencia poco formada”. Este llamado no es solo a una abstinencia externa de ciertas prácticas, sino a un ejercicio profundo de amor que se manifiesta en el respeto por las conciencias ajenas.

Esta reflexión se conecta de manera poderosa con el mensaje de Jesús en Lucas. Su enseñanza sobre el amor hacia los enemigos, las acciones desinteresadas y la invitación a perdonar, nos desafía a vivir el amor en su máxima expresión. No solo se nos pide amar a quienes nos aman, sino que se nos llama a extender nuestras manos y corazones a aquellos que nos critican, que nos adversan, que nos hacen mal. Jesús nos muestra que el verdadero amor no tiene fronteras y que la verdadera medida de nuestra humanidad se encuentra en cómo respondemos al dolor y la malicia, no solo con palabras, sino con acciones sinceras. Es fácil amar a quienes nos rodean en nuestro círculo de seguridad, pero, ¿cómo respondemos al que nos hiere?

La invitación que se desprende de ambas lecturas es a dejar de lado nuestras actitudes egoístas y a vivir la transformación que el amor de Dios opera en nosotros. En cada uno de nosotros hay una capacidad inmensa para ser luz y sal en la vida de quienes nos rodean. Cuando actuamos desde el amor y la compasión, negamos el pecado que nos separa de nuestros hermanos y hermanas, y nos permitimos ser instrumentos de la gracia divina. A veces nos sentimos desanimados por los conflictos en nuestras relaciones o por la dureza en el mundo que nos rodea. Sin embargo, somos llamados a ser testigos del amor, a ver el sufrimiento del otro, y a responder con un acto de bondad.

Vamos a fijar nuestra atención en el consejo que Jesús da sobre la generosidad. “Den y se les dará; recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante.” Este ciclo de dar y recibir no se limita a lo material; se extiende a la empatía, el perdón y el amor incondicional. La generosidad que se nos invita a practicar no es solo un acto externo, sino una disposición interna que transforma nuestro corazón y nos acerca al corazón del Padre. Cada acción de amor que realizamos, cada gesto de perdón, no solo tiene un impacto en nuestras vidas, sino que también crea un efecto dominó en la comunidad, transformando corazones e iluminando el camino del Reino de Dios.

En nuestra vida cotidiana, puede ser difícil practicar este amor radical. Nos encontramos rodeados de tensiones, desavenencias y heridas profundas. Sin embargo, es en esos espacios donde más necesitamos llevar el mensaje de San Pablo y de Jesús. Ser un instrumento del amor implica que nos comprometemos a escuchar antes de juzgar, a entender antes de condenar. Nos llamamos a cuestionar nuestra propia reacción inicial y buscar el camino que nos conduce a la comprensión y el amor. A menudo es un camino lleno de desafíos, pero en cada uno de esos desafíos se nos ofrece la oportunidad de crecer en virtud y en fe.

Hoy, reflexionemos sobre la posibilidad que tenemos de ser fuego encendido en medio de la niebla del odio y el rencor. En cada pequeño acto de amor, en cada vez que elegimos el perdón en lugar del juicio, nos acercamos más al corazón de Dios. Seamos los mensajeros de esa libertad que no solo nos ocupa a nosotros, sino también a los demás, y que se manifiesta en nuestra disposición a ser presencia de paz en medio de la tempestad.

Al hablar sobre el examen de conciencia, recordemos que Dios nos conoce profundamente. Nos invita a abrir nuestros corazones y a permitir que su amor nos guíe y nos transforme. Esta reflexión nos lleva a un momento de oración. Pidámosle a Dios que nos conceda un corazón puro y compasivo, que nos ayude a ver al prójimo con sus ojos, y a no ser un obstáculo en el camino de la fe de los demás. Que nuestro conocimiento siempre esté revestido de amor y que nuestras acciones reflejen la generosidad y la misericordia que nuestro Señor nos enseña. Que seamos dignos herederos de su gracia, manteniendo el compromiso de vivir en amor y unidad. Amén.

Video del evangelio

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