Evangelio para Hoy

Evangelio del 8 de septiembre de 2026

Fiesta de Natividad de la Santísima Virgen María

Evangelio del 8 septiembre 2026 — Mateo 1, 1-16. 18-23 (ilustración)

Mateo 1, 1-16. 18-23

Primera Lectura

Lectura Miqueas 5, 1-4

Primera lectura de hoy 8 septiembre 2026 — Miqueas 5, 1-4 (ilustración)

Esto dice el Señor:
“De ti, Belén de Efrata,
pequeña entre las aldeas de Judá,
de ti saldrá el jefe de Israel,
cuyos orígenes se remontan a tiempos pasados,
a los días más antiguos.
Por eso, el Señor abandonará a Israel,
mientras no dé a luz la que ha de dar a luz.
Entonces el resto de sus hermanos
se unirá a los hijos de Israel.
Él se levantará para pastorear a su pueblo
con la fuerza y la majestad del Señor, su Dios.
Ellos habitarán tranquilos,
porque la grandeza del que ha de nacer llenará la tierra
y él mismo será la paz”.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Salmo responsorial — Salmo 12, 6ab. 6cd

R. (Is 61, 10) Me llenaré de alegría en el Señor.

Confío, Señor, en tu lealtad, mi corazón se alegra con tu salvación.

R. Me llenaré de alegría en el Señor.

Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho, tocaré mi música en honor del Dios altísimo.

R. Me llenaré de alegría en el Señor.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.

Dichosa tú, Santísima Virgen María, y digna de toda alabanza, porque de ti nació el sol de justicia, Jesucristo, nuestro Dios.

R. Aleluya.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según Mateo 1, 1-16. 18-23

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abra¬¬ham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David.
David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante el destierro en Babilonia.
Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Padre Jose Miguel

Hoy celebramos la Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, una ocasión que nos invita a contemplar el milagro de la maternidad de María y su papel fundamental en la historia de la salvación. En la primera lectura, el profeta Miqueas nos recuerda que de Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas, nacerá el jefe de Israel. Este es un anuncio de esperanza que se despliega en el tiempo y nos habla del futuro Cristo, cuya grandeza llenará la tierra y será nuestra paz.

La elección de Belén, un lugar insignificante, subraya cómo Dios opera en el silencio del cotidiano, eligiendo lo pequeño y humilde para manifestar Su gloria. Así, la historia de salvación revela un designio divino que busca en lo sencillo un camino hacia lo grande. Esta conexión es reveladora, pues nos muestra que, en la debilidad y en la insignificancia, Dios puede hacer surgir vida y esperanza. Y María, al ser la madre de Jesús, representa esta verdad de manera impresionante: una joven de un entorno modesto, elegida para llevar en su seno al Hijo de Dios.

El Evangelio según San Mateo comienza con una larga genealogía que puede parecer monótona, pero al contemplarla con corazón abierto, descubrimos un tesoro. Esta lista nos muestra a dónde pertenece Jesús, no solo en la historia humana, sino en la historia de la salvación. Jesús es presentado como el cumplimiento de las promesas: el hijo de David, el hijo de Abraham. La historia de su linaje va tejiendo un hilo de esperanza que desemboca en el Salvador del mundo.

Mateo, luego de la genealogía, nos relata el proceso de concepción del Señor. María, desposada con José, es sorprendida por una obra del Espíritu Santo que la lleva a esperar un hijo. Este nuevo inicio en la vida de María trae consigo preguntas, confusiones e incertidumbres, especialmente para José, un hombre justo que enfrenta la revelación divina como un misterio que desafía su comprensión. Pero en medio de la turbación, un ángel le comunica que no debe temer. Este mensaje es crucial para nuestra meditación: ante lo inesperado y lo que nos puede causar temor, como la confusión que puede surgir en nuestra vida al enfrentarnos a los planes divinos, el Señor nos invita a confiar.

La contemplación de María y su aceptación de lo que Dios le pide puede enseñarnos a acoger lo insólito en nuestras vidas. Ella no solo dio vida al Hijo de Dios, sino que también se convirtió en un canal de la salvación. Su valentía y entrega nos inspiran a confiar plenamente en los planes divinos para nosotros, incluso cuando no los comprendemos. Así como María, muchas veces nos encontramos en situaciones difíciles que nos ponen a prueba, momentos en los que no vemos la salida o el sentido de lo que estamos viviendo. En esos momentos es esencial recordar que Dios es un Padre que nos guía con amor y que, como la pequeña María, podemos darnos paso a la fe.

La figura de José también es digna de contemplación. Un hombre justo, que ante el escándalo de la situación de su prometida, decide actuar con misericordia. Su disposición a acoger a María y al niño Jesús habla de un amor comprometido, que va más allá de las apariencias y los juicios humanos. En José vemos un modelo de vida que nos invita a ser acogedores y comprensivos, incluso en las circunstancias más complicadas. Cada uno de nosotros en nuestro mundo laboral, familiar o social puede vivir esta postura; ser un signo de amor y comprensión, de abrirnos a los demás y ofrecer nuestro apoyo.

La conexión entre las lecturas nos lleva a una profunda reflexión sobre la confianza y la disponibilidad. Tanto María como José enfrentan desafíos que requieren una respuesta valiente y generosa. En nuestro día a día, se nos presentan oportunidades para mostrar esa misma fe y esa misma disposición a confiar en Cristo. ¿Estaré yo abierto a hacer espacio para las sorpresas que Dios pone en mi camino? ¿Seré capaz de enfrentar mis miedos y dudas buscando la luz que proviene de la fe?

La invitación que hoy recibimos es a imitar la actitud de María. En cada decisión, en cada jornada, hay un río de posibles destinos que, si se nutren de oración y de espíritu, pueden convertirse en sendas de paz y salvación. Un simple “sí” en la vida puede desatar un camino de gracia. La profundidad de nuestra fe no se mide por lo extraordinario que experimentemos, sino por la disposición de nuestro corazón a decir “hágase en mí según tu palabra”.

En este día especial, es fundamental fomentar una espiritualidad que se nutra de la oración y de la contemplación. Al igual que la Virgen, que guardaba todas estas cosas en su corazón, se nos pide que tomemos un tiempo para la meditación, para el silencio y para reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas. La oración nos permite abrirnos a su voluntad, permitir que su luz inunde nuestras dudas y temores.

Este es el llamado a la conversión: a pasar de una vida que se aferra a lo convencional, a una vida que se lanza en los brazos de la fe, confiando en que Dios actúa de manera misteriosa, pero siempre providente y amorosa. Se nos invita a vivir la conversión como un viaje diario, donde cada acto puede ser una forma de acogida a la gracia divina.

Hoy, al contemplar el nacimiento de la Virgen María, que hemos de ver a la mujer que, con su vida y su historia, nos invita a dar también nosotros a luz a Cristo en medio de nuestras realidades. Oremos juntos, pidiendo que, como María, seamos portadores de esperanza, amor y paz en el mundo. Que aprendamos a confiar en el plan divino y a abrir nuestros corazones para que, a través de nosotros, el amor de Dios renazca todos los días.

Señor, te damos gracias por el regalo de la vida de María, por su ejemplo de humildad y entrega. Ayúdanos a seguir su camino, a ser fieles y valientes como ella, para que, con cada paso que demos en nuestra vida cotidiana, podamos ser constructores de tu paz y portadores de tu amor. Amén.

Video del evangelio

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